Keely Hodgkinson es una maestra del equilibrio y los contrastes.
En la pista, el estilo fluido y natural de la superestrella británica camufla el dolor que soporta su cuerpo. Basta con mirar la final de París 2024: una postura feroz y un torso sólido como una roca por encima de un torbellino de piernas. A sus rivales se les mueve la cabeza, revolean los brazos; el esfuerzo extremo es evidente. Pero Keely se mantiene calma y serena. Mirada enfocada, clavada al frente: ver para creer, directo hasta la línea de meta.
Y justo después, el brillo de una personalidad de 1.000 vatios que trascendió las pistas de atletismo para ganarse a fanáticos de todo el mundo. Con su humor alegre, una honestidad desarmante y la predisposición para mostrar tanto los momentos altos como los bajos, la atleta de 24 años es la definición perfecta de una deportista moderna.

Lejos de las multitudes y las luces de los grandes escenarios, Keely se mantiene firme en su búsqueda de progreso. Con una concentración total, está enfocada en el próximo gran objetivo que la entusiasma:
"Me encanta cerrarle la boca a los que dudan y hacer cosas que nadie haya logrado antes".
En este momento, ese objetivo es el récord mundial de los 800 metros. Una marca que se mantiene intacta desde hace más de 40 años y que muchos consideran imposible de batir.
"Sé que soy capaz de correr en 1m53s desde hace dos años", afirma. "Hay una razón por la que el récord duró tanto tiempo: es increíblemente duro y voy a necesitar que me presionen al máximo para alcanzarlo. Pero vi cosas en mis entrenamientos que me hacen pensar: 'sí, algún día se va a romper'".
Uno de esos momentos clave ocurre en una sesión diseñada para simular la brutalidad de los 800 metros. Simple en los papeles: un puñado de pasadas de 300 metros. Incluso entrenando sola bajo un calor de 33°C, se puede notar la misma serenidad y el espíritu alegre que la definen cuando compite.
Como todo atleta de clase mundial, Keely comparte la obsesión por explorar los límites de lo posible. "Me exijo bajo estándares muy altos", confiesa. "Estoy constantemente obsesionada con mejorar, cada milímetro, un 1%. Si probar algo nuevo significa que voy a ser mejor mañana, lo voy a hacer".

Incluso con todo lo que ya consiguió, su mentalidad implacable es el verdadero sello de su identidad deportiva. En un nivel donde los márgenes son milimétricos, los números se vuelven más importantes que nunca, lo que hace que COROS sea su aliado natural.
"Nuestros entrenamientos son muy variados; entender la intensidad y la carga en las pasadas de pista, las sesiones de gimnasio y el entrenamiento cruzado en la bicicleta le aporta otra dimensión a lo que hago".
Keely usa el COROS PACE 4, el reloj GPS con pantalla AMOLED ultraliviano diseñado para atletas que buscan rendimiento, velocidad y simplicidad, combinado con el Pulsómetro COROS. Con estas herramientas, es capaz de registrar cada parcial (split) mientras busca arañar milisegundos en las dos vueltas a la pista.

Pase lo que pase esta temporada —se haga historia con un nuevo récord mundial o no—, Keely Hodgkinson está convencida de que todavía está calentando motores. Tiene al mundo entero a sus veloces pies, pero eso no le alcanza:
"Esto recién empieza. Ni de cerca terminé".

