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En el mundo de la escalada en grandes paredes, la Patagonia es sinónimo de dureza, de granito castigado por el clima y de algunas de las rutas más remotas y técnicas del planeta. Este febrero, esa reputación volvió a confirmarse cuando dos de los escaladores de big wall más destacados de la actualidad, la leyenda estadounidense y atleta COROS Tommy Caldwell y el belga Siebe Vanhee, consiguieron algo que muchos pensaban que aún tardaría años en lograrse: la primera ascensión libre en un solo día de la vía Sudafricana en la Torre Central del Paine.
Una ruta con historia
La Torre Central del Paine, que se eleva más de 2.400 metros sobre el abrupto paisaje del Parque Nacional Torres del Paine, en Chile, ha sido durante décadas un objetivo obsesivo para los alpinistas. Su cara este, donde se encuentra la vía Sudafricana, exige superar más de 30 largos de granito muy vertical, con dificultades que alcanzan el grado 5.12c / 7b+.
Aunque en los últimos años algunas cordadas habían logrado liberar la ruta, estas ascensiones solían requerir varios días de esfuerzo, condicionadas por la inestabilidad meteorológica característica de la Patagonia. Completarla en una sola jornada parecía, hasta hace poco, algo poco realista.
“Esta escalada fue completamente idea de Siebe”, explicó Caldwell. “Él ya había hecho otras dos grandes vías en libre en esta pared. Dice que al principio la idea de hacerlo en un día le parecía absurda, pero como ocurre con muchos grandes objetivos, una vez surge la idea es difícil quitársela de la cabeza”.
Vanhee ya había intentado años atrás una ascensión en el día, pero tuvo que darse la vuelta por las malas condiciones. Aquella experiencia le hizo pensar que, con las circunstancias adecuadas y el compañero adecuado, podía ser posible.
“Creo que me eligió porque he hecho muchos esfuerzos largos de entre 24 y 50 horas”, comentó Caldwell. “De hecho, mi primera gran escalada en Patagonia fue algo parecido: un empuje de 50 horas por la cara este del Fitz Roy. Es así como casi siempre he escalado aquí, aunque no sea lo habitual en paredes tan grandes”.

Entrenar para un límite de 24 horas
Prepararse para una ascensión libre de 24 horas en una gran pared patagónica implica desarrollar resistencia en todos los sistemas energéticos. En el caso de Caldwell, su preparación combina potencia máxima en escalada con jornadas muy largas diseñadas para simular la fatiga acumulada.
“En 2005 encadené dos vías en libre en El Capitan en un solo día. En aquel momento fue un salto enorme para mí”, explicó. “A partir de ahí empecé a entender lo que significa rendir a alto nivel cuando llevas muchas horas de esfuerzo”.
En sus fases de entrenamiento más intensas, tres días a la semana estaban estructurados con sesiones encadenadas: escalada deportiva en roca para mejorar la eficiencia de movimiento, seguida de búlder y campus board en el rocódromo para mantener la potencia máxima, después trabajo de fuerza con pesas para reforzar la estructura física. A menudo terminaba el día con una salida en bicicleta de tres o cuatro horas para desarrollar la capacidad aeróbica bajo fatiga.
Para Patagonia, Caldwell subraya que la dificultad técnica es solo una parte del reto. Escalar en grandes paredes exige resistencia, pero también saber gestionar material pesado, condiciones duras y largos periodos de exposición.
“La escalada no era tan difícil como en Yosemite. Era más cuestión de lidiar con condiciones extrañas, encontrar la logística adecuada, tener un gran compañero y aguantar el entorno hostil. Esas habilidades tienen menos que ver con el entrenamiento y más con la experiencia”.
Ahora, con una vida más equilibrada fuera de la escalada, su volumen de entrenamiento es más moderado, pero la filosofía sigue siendo la misma: combinar precisión técnica, fuerza y profundidad aeróbica… y añadir la experiencia. En grandes paredes, muchas veces es la experiencia la que marca la diferencia entre estar en forma y tener éxito.
El gran empuje
Cuando Caldwell y Vanhee salieron del suelo en la madrugada, la estrategia era simple sobre el papel: no dejar de moverse. En la práctica, eso significaba 24 horas seguidas liderando y escalando cada largo en libre, sobre granito técnico, con temperaturas a la baja y condiciones cambiantes.
A diferencia de esfuerzos de resistencia más constantes como correr o pedalear, la escalada exigía cambios continuos de intensidad. Gran parte del terreno permitía moverse de forma controlada y submáxima: escalar con eficiencia, mantenerse relajado y ahorrar energía. Pero algunos largos obligaron a esfuerzos casi al límite, incluidos los pasos clave unas 10 horas después de empezar.
“En escaladas muy largas intento mantenerme lo más relajado posible”, explicó Caldwell. “Mantener el pulso bajo, gastar la mínima energía en cada movimiento. Si consigo estar tranquilo —centrarme en respirar profundo y regular el ritmo cardíaco— puedo aguantar muchísimo tiempo. Eso es fundamental en vías como esta”.
El propio terreno añadía complejidad. En las zonas altas encontraron frío intenso, lo que obligó a gestionar guantes y capas de abrigo en plena pared. La parte superior de la montaña exigía además llevar material completo de escalada en hielo.
La fatiga se acumulaba de formas menos evidentes. Era difícil hidratarse correctamente. Empezaron a aparecer congelaciones leves en dedos de manos y pies. Perdieron uñas de los pies. Los dedos se hincharon y se quedaron en carne viva por la escalada continuada en fisuras. Sin embargo, la adrenalina de la exposición y el compromiso hacía que gran parte del daño pasara desapercibido en el momento.
“El peligro probablemente genera una respuesta de adrenalina que enmascara el dolor”, dijo Caldwell. “Acabas destrozando tu cuerpo más de lo que crees”.
Durante la ascensión no se detuvieron a analizar ritmos ni métricas. El foco estaba en moverse con eficiencia, minimizar el tiempo perdido en reuniones y hacer transiciones fluidas. Cada decisión se filtraba a través de una sola pregunta: ¿esto nos ayuda a seguir avanzando durante 24 horas?
Cuando alcanzaron la cima exactamente un día después de empezar, el éxito fue el resultado de una estrategia de ritmo basada en la contención: muchas horas escalando justo por debajo del límite, reservando lo necesario para los momentos en los que hacía falta darlo todo.

Lo que revelaron los datos
Aunque Caldwell no estuvo pendiente de las métricas durante la escalada, el análisis posterior ofreció conclusiones interesantes.
La frecuencia cardíaca fue más alta de lo esperado
“La métrica que más me sorprendió fue la frecuencia cardíaca”, explicó. “Es bastante más alta de lo que habría imaginado. Mientras escalas no notas el esfuerzo cardiovascular como cuando corres o vas en bici. Pero los datos dicen que está ahí”.
En los largos más duros, especialmente en terreno muy vertical, su pulso subía más de lo previsto. Esa información cambió su manera de gestionar el esfuerzo.
“Me ayuda a tomar conciencia de la respiración y de mantenerme relajado. Eso marca una gran diferencia”.
La aproximación ya fue un entrenamiento completo
“Solo llegar a la base fueron 16 kilómetros y 1.500 metros de desnivel”, dijo Caldwell. “En casa eso sería un buen entrenamiento. En Patagonia, es solo la aproximación”.
No se trataba de una caminata ligera. Como la ascensión requería ropa de abrigo, material de hielo para la parte alta, hornillo, comida extra y un rack grande que incluía incluso un friend del número seis, cargaron mucho más peso de lo habitual en un intento rápido. Esa carga les acompañó en la pared, donde tuvieron que izar una bolsa durante toda la ruta.
En la mayoría de lugares, una aproximación así sería el objetivo del día. Aquí solo era el primer movimiento antes de empezar siquiera el empuje de 24 horas.
Los datos de recuperación confirmaron el impacto
Tras hacer cima, Caldwell se sentía completamente destrozado.
“Me sentía destruido después de la escalada y los datos lo confirmaron. Mi HRV estaba alterada. Dormía raro. Incluso me puse un poco enfermo, probablemente porque me había llevado al límite”.
Para él, el seguimiento de la recuperación puede ser la métrica más valiosa.
“A veces, cuando me encuentro mal durante una semana después de una escalada, pienso que quizá está en mi cabeza. Pero si las estadísticas coinciden, entiendo que hay algo fisiológico real y que debo darme más margen”.
En el alpinismo de alto riesgo, esa conciencia puede evitar profundizar aún más en un agujero de fatiga.
El factor COROS
Para los escaladores que utilizan COROS en terreno técnico, Caldwell ve un gran valor en registrar datos biométricos.
“Los datos biométricos, la HRV, el estrés, el sueño… todo eso me ayuda a rendir mejor en cualquier entorno. Me permite saber cuándo estoy listo para el siguiente intento”.
En Patagonia, la intensidad del entrenamiento fluctúa mucho por las breves ventanas de buen tiempo.
“Mi intensidad está o muy por encima o muy por debajo. Rara vez estoy en el punto ideal. Cuando estoy en casa intento optimizar más”.
Los datos ayudan a suavizar esos extremos y a mantener la longevidad en un deporte donde forzar demasiado, con demasiada frecuencia, puede erosionar el rendimiento de forma silenciosa.

Un nuevo legado en la Torre Central del Paine
Convertir una ruta de expedición de varios días en una ascensión libre continua de 24 horas transforma completamente el desafío. Exige precisión técnica, resistencia aeróbica, fortaleza mental y la capacidad de gestionar picos fisiológicos sin colapsar horas después.
En la vía Sudafricana, Caldwell y Vanhee escalaron rápido, con intención, con estrategia y con conciencia tanto de lo que ocurría en la roca como dentro de su propio cuerpo. El resultado fue un nuevo referente en una de las grandes paredes más exigentes del planeta.

