Max Jolliffe batió el récord de circuito de la Badwater 135 bajo un calor extremo. Así fue como su entrenamiento de adaptación al calor, su estrategia de asistencia y una ejecución perfecta hicieron posible lo imposible.
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La Badwater 135 es apodada con razón "la carrera a pie más dura del mundo". Con punto de partida en Death Valley (El Valle de la Muerte, EE. UU.) en pleno julio, suele registrar temperaturas diurnas que superan los 43 °C (110 °F). La prueba se extiende a lo largo de 217 kilómetros (135 millas) desde el punto más bajo de los Estados Unidos continentales (-86 metros) hasta la mitad de su montaña más alta (2.548 metros).

 

El atleta COROS y corredor profesional de trail Max Jolliffe completó la edición de este año en 20:53:41, convirtiéndose en el primer participante en la historia de la carrera en bajar la barrera de las 21 horas. Con este resultado, le bajó casi 39 minutos a un récord que se mantenía vigente desde 2019, ¡y lo logró en su primer intento!

Equipamiento utilizado:

COROS APEX 4 (46mm)

COROS HR Monitor

COROS POD 2

CORE Body Temperature Sensor

 

Desafiando el calor

Los datos de carrera de Max muestran una ejecución impecable. Su frecuencia cardíaca se mantuvo en las Zonas 1 y 2 durante la mayor parte del recorrido, con un tramo de 1 hora en Zona 3 durante la primera subida. Usó el sensor de temperatura corporal CORE para monitorear el estrés interno, mientras que el COROS POD 2 registró la temperatura ambiente desde su zapatilla. Arrancando con 42 °C (108 °F) en Death Valley, el clima refrescó levemente durante la noche, pero el calor de la tarde alcanzó un pico implacable de 47 °C (117 °F) a casi dieciséis horas del inicio.

max jolliffe badwater data

El POD 2 mostró marcadas caídas de temperatura en la gráfica: un resultado directo de las estrategias de enfriamiento de Max.

Max nunca sintió que el calor lo superara. Sobrepasó corredores en cada una de las tres grandes subidas del circuito, sostuvo el ritmo en un largo y exigente llano por la tarde, y aceleró en los kilómetros finales para superar tanto al líder Tamás Bódis como al récord de la carrera en la subida final a la meta.

"Nunca sentí que me estuviera sobrecalentando ni tuve esa sensación de tener que aflojar porque me daba calor", comentó Max. "No me pasó ni una sola vez".

Esa compostura en la competencia más calurosa del planeta no ocurre por casualidad. Años de resistencia aeróbica, semanas de entrenamiento específico en calor y horas de planificación logística hicieron posible esta victoria.

 

El plan de entrenamiento

Max empezó a entrenar para Badwater poco después de la Cocodona 250, lo que le dejó apenas dos meses de preparación. No partía de cero, ya que Cocodona exige una enorme base aeróbica y también presenta altas temperaturas. Tras abandonar esa prueba, Max estaba listo para dejar atrás el trago amargo y enfocado en el próximo desafío.

"Entrenar el calor y entrenar el desnivel fueron los dos aspectos más importantes de toda la preparación", afirmó.

El bloque de calor constó de 4 a 5 sesiones por semana: tres activas de unos 50 minutos con traje de sudoración (en cinta o bajo el calor de la tarde al aire libre) más una o dos sesiones pasivas, sostenidas a lo largo de los dos meses.

"Creo que mucha gente hace protocolos de aclimatación de 14 días", señaló Max. "Pero sentí que todavía se podía sacar más provecho, así que le dimos con todo durante todo el bloque".

El trabajo de desnivel positivo fue igual de metódico: intervalos en cinta con inclinación, sesiones en TrailCon (Olympic Valley) y entrenamientos específicos en las subidas reales del circuito de Badwater.

"Definitivamente entrené en sesiones donde el calor fue bastante peor que lo que viví el día de la carrera. Entrenás en condiciones más duras para que, el día de la prueba, lo que te toque enfrentar se sienta un poco más llevadero", explicó.

Dos entrenamientos de ese bloque muestran con precisión cómo funcionó esta filosofía.

 

Simulando las condiciones de carrera

max jolliffe heat training data

El 1 de julio, la sesión de Max se enfocó en simular las subidas de Badwater: repeticiones de ida y vuelta sobre un asfalto ardiente. Cada subida tenía unos 13 kilómetros (8 millas), alcanzando un total de 5 horas de entrenamiento.

La sesión también fue un experimento intencional: durante las primeras dos horas, Max no aplicó ningún tipo de enfriamiento externo para ver cómo reaccionaba su cuerpo.

"Durante las primeras dos horas no me eché agua ni hielo para ver qué pasaba con el estrés térmico", contó. "Y la verdad es que empezó a subir".

A partir de ahí, comenzó a enfriarse cada hora durante el resto de la sesión y mantuvo el esfuerzo hasta el final. La temperatura de su cuerpo subió lo suficiente para generar adaptaciones, pero se mantuvo lo bastante controlada como para no quemarse. En las subidas similares durante la carrera, su temperatura corporal y su frecuencia cardíaca se mantuvieron más bajas, demostrando la adaptación lograda en estos entrenamientos.

 

Jugando con fuego

Seis días después, en Santiago Peak (su montaña habitual de entrenamiento), una sesión similar se le fue de las manos. Tenía planificado un fondo largo con bastante desnivel positivo (2.068 metros totales), pero tuvo problemas pasadas las 4 horas de carrera.

"Sí, ahí quedé destruido. Simplemente no llevé suficiente agua. En los datos se ve clarito el momento en que hizo calor extremo: la frecuencia cardíaca se me disparó y la última parte me aplastó".

max jolliffe heat training mistake

Hizo una sola parada para reabastecerse, se quedó sin líquido y vio cómo sus pulsaciones se descontrolaban a medida que el calor y la trepada se acumulaban. Sostuvo como pudo las últimas 2 horas de entrenamiento y se llevó una lección crucial: respetar los peligros reales del calor.

"No fui muy inteligente y cometí un error que al final no pasó a mayores, pero fue un recordatorio de que lo que estoy haciendo es serio y que hay consecuencias si no me cuido", admitió.

Ese error sirvió para ajustar milimétricamente su logística de hidratación y enfriamiento. Quedarse sin agua en Badwater no era un riesgo admisible.

 

Mantener la frescura en la carrera

Con los entrenamientos y las lecciones asimiladas, Max sabía que su cuerpo podía tolerar el calor de Badwater. Ejecutar la estrategia el día de la carrera se redujo a un sistema simple: agua e hielo. El agua sirve como recurso externo de evaporación (además del sudor), mientras que las telas técnicas modernas aceleran ese proceso.

Por su parte, el hielo genera enfriamiento por conducción térmica. Cuando la temperatura supera los 40 °C, el aire ambiente está demasiado caliente para enfriar el cuerpo. Durante la competencia, Max recurrió a suministros de enfriamiento aproximadamente cada 3 kilómetros (2 millas). Su estrategia profundizó en la ciencia, buscando los mejores puntos anatómicos para transferir el calor corporal hacia el hielo.

"Empecé a sostener las caramañolas congeladas con las manos para disipar calor a través de las palmas, que es una de las zonas más eficientes del cuerpo para hacerlo", explicó.

a man pouring cold water over a runner

El COROS POD 2 registró la temperatura externa, pero a menudo quedaba sumergido en agua cuando Max recibía asistencia. Esto reflejó de manera única sus paradas con el equipo de abasto, mostrando visualmente en la gráfica cómo bajaba la temperatura en esos instantes.

El plan funcionó como un reloj. Nada de esto le exigió detenerse: su equipo de asistencia lo abasteció en movimiento durante toda la competencia. No caminó ni un solo metro.

 

El remate final

El momento en que Max sintió más calor en todo el día no tuvo nada que ver con los 217 kilómetros que tenía por delante.

"Honestamente, el momento donde sentí más calor fue antes de largar, al llegar a la cuenca y bajarme del auto", confesó. "Se sentía como estar adentro de una freidora de aire".

Todo lo que vino después de la línea de largada fue la ejecución de un sistema probado en condiciones aún peores a las que enfrentó el día de la carrera. Su temperatura interna y su frecuencia cardíaca se mantuvieron bajo control. Cuando llegó la subida final, estaba calmo, concentrado y, sobre todo, fresco. Eso le permitió encender los motores en un tramo donde históricamente todos los corredores llegan con el tanque vacío.

"Apreté fuertísimo y fui a buscar más profundo de lo que jamás había ido en cualquier otra carrera de mi vida. Y funcionó. Todo ese entrenamiento duro dio sus frutos".