
“Aprendés a separar el riesgo real del riesgo percibido. Dejás de lado la emoción y el ego, y te preguntás con total claridad: ¿Qué estoy dispuesto a dar? ¿Vale la pena? Esos son los momentos que definen todo para mí”.
Jimmy se crió en un pequeño pueblo cerca de Minnesota, hijo de inmigrantes chinos que trabajaban como bibliotecarios. Al principio, sus perspectivas profesionales parecían limitarse al mundo que tenía enfrente, pero encontró su futuro a través de la imaginación.
“Me acuerdo de leer El Hobbit cuando era chico y quedar cautivado por la idea de emprender una aventura salvaje, haciendo cosas que jamás creí imaginables”, cuenta.
“Empecé a escalar y algo hizo un click inmediato. Me encontré en las grandes paredes de Yosemite, rodeado de una belleza cruda. Experimenté una sensación de asombro y una intensidad de vida que no encontré en ningún otro lado. La escalada realmente me abrió los ojos a mis propias posibilidades. Supongo que eso es lo que llamamos autodescubrimiento. Todavía hoy sigo buscando esa sensación”.
El éxito de Jimmy no llegó de la noche a la mañana. La base de su ambición es el trabajo minucioso que realiza mucho antes de que comience cualquier aventura:
“La gente ve las fotos en la cumbre y los grandes momentos, pero el verdadero arte de lo que hago está en la preparación”, afirma.

“La preparación genera las condiciones para todo. Es lo que te permite estar presente y confiar en vos mismo cuando más importa. Estás listo cuando ya no queda nada por resolver”.
Para cuando Jimmy pone un pie en la montaña, ya la escaló cien veces en su cabeza. Evaluó cada escenario: desde un cambio repentino en el clima hasta una lesión o una falla en el equipo. Conoce los datos y los tiene todos al alcance de la mano... o en su reloj COROS. Eso es lo que le da la libertad de estar conectado con el presente cuando realmente cuenta.
“Aprendí que la confianza no es algo que simplemente tenés; es algo que te ganás a través de la preparación. Cada entrenamiento, cada ruta que estudiás, cada conversación con tu compañero sobre lo que podría salir mal. Eso es lo que te permite tomar decisiones claras cuando la situación es crítica. La preparación es la forma de transformar el miedo en enfoque”.
Cuando Jimmy y su equipo tomaron la decisión de avanzar hacia la cumbre del Everest en octubre pasado, estaban balanceando el cálculo infinito de la toma de decisiones en la altura con su experiencia previa y los datos duros. El deseo de seguir buscando "esa sensación" chocaba contra una ruta extremadamente peligrosa que ya se había cobrado varias vidas y que no había sido escalada con éxito en más de 30 años.
El Corredor Hornbein está en la cara norte, el lado opuesto a las rutas masificadas de la cresta sureste que la mayoría se imagina al pensar en el Everest. La belleza de esta ruta es inigualable, pero el peligro que presenta es igual de grande.
A casi 8.800 metros de altura (29.000 pies), en lo profundo de lo que los montañistas llaman la Zona de la Muerte, el corredor cae de forma casi vertical en varios tramos. De todos los intentos de la historia, solo una vez un equipo logró cruzarlo sin perder a ningún miembro. Para los montañistas más selectos del mundo, este era el Santo Grial. Y Jimmy junto a su compañero, Jim Morrison, tenían planes aún más ambiciosos para el regreso.
Para mantenerse enfocado en tomar las decisiones correctas, Jimmy encara estas grandes expediciones con el COROS APEX 4. Diseñado para ofrecer una precisión milimétrica y una durabilidad extrema en los lugares más impredecibles del planeta, le da exactamente los datos que necesita en el momento justo.

“A esta altura de mi carrera, las herramientas en las que confío tienen que ser tan serias como mis objetivos. COROS hace relojes diseñados por personas que realmente salen a la montaña y los prueban en los entornos más hostiles del mundo. Confío en COROS por la misma razón que lo haría cualquier atleta de montaña serio: la duración de la batería es increíble, y el GPS y la navegación están perfectamente calibrados para el terreno alpino”.
De regreso en el Everest, el asalto a la cima fue un éxito. Fue un día hermoso en el techo del mundo. Pero el desafío no terminaba ahí.
Después de hacer cumbre, el compañero de expedición de Jimmy, Jim Morrison, se convirtió en la primera persona en descender esquiando con éxito la ruta Super Direct en la cara norte. Fueron 2.700 metros de descenso vertical desde la cima, en una zona de no-caída donde un solo error significaba no tener una segunda oportunidad. Dos intentos previos en la historia habían terminado en tragedia.
Muchos en el mundo del montañismo consideran esto como la mayor combinación de escalada y esquí de montaña jamás lograda, y Jimmy lo capturó todo a puro color, logrando imágenes que recorrieron el mundo entero.
Jimmy ve los logros que fotografía a través de un lente mucho más amplio. Su instinto para encontrar grandes historias lo llevó a recibir un enorme reconocimiento y premios que van mucho más allá de las comunidades de escalada y montañismo.
“En la superficie, mis películas pueden parecer sobre escalar el pico más alto del mundo o hacer un solo integral en una pared de 900 metros (3.000 pies). Pero en el fondo, tratan sobre el amor, la pérdida, la amistad, la perseverancia y el enfrentar tus propios miedos”, explica.

“Son temas que resuenan universalmente, sin importar quién seas o de dónde vengas. Contar historias es, a menudo, la forma en que proceso mis propias vivencias. Es cómo le encuentro sentido a la paradoja de lo que hago: estas búsquedas que te dan tanta vida, pero que a la vez te la pueden quitar”.
Para Jimmy, el orgullo no viene de ser el primero en escalar una gran montaña o de ganar un premio Oscar (lo cual logró con Free Solo en 2019), sino de los momentos que nadie ve. Esas relaciones con compañeros de cordada que se vuelven familia. La confianza construida a lo largo de los años al poner la vida en manos del otro.
Al mirar atrás hacia el ascenso al Everest, Jimmy tiene muy en claro cómo la experiencia humana superó todo lo demás:
“Lo que hizo que eso fuera significativo no fue solo el logro, sino la profunda confianza entre mis compañeros de escalada y yo. Eso es lo que me llevo conmigo”.

Las altas cumbres que rodean al Everest ejercen una atracción difícil de romper: una vez que tocás los límites, te sentís arrastrado a volver una y otra vez. Por eso Jimmy regresó en abril de este año junto a COROS, esta vez para disfrutar de la zona de una manera un poco más relajada que en su exigente ascenso y de su descenso en esquís de la temporada pasada.
Estando allí, no pudo evitar pensar en el próximo paso. Los atletas que desafían las barreras como Jimmy siempre están buscando algo más, sin importar qué tan lejos hayan llegado:
“Cada vez que alcanzo una meta, me doy cuenta de que hay lugares aún más lejanos esperando. Eso es lo que me mantiene en marcha: entender que todavía queda más historia por vivir”, concluye.
“La gente suele preguntarme cuál es mi foto favorita de todas las que saqué. Mi respuesta siempre es la misma: la próxima”.

